En 2006, MiniDisc ya era un formato de nicho mientras el mercado se movía hacia reproductores de memoria y descargas. Los modelos restantes estaban dirigidos a usuarios que valoraban la grabación directa y el control sobre sus discos.
Para 2006, MiniDisc alcanzó el límite práctico de lo que podía mejorar. Su longevidad demuestra la fuerza del enfoque de Sony en medios físicos, aunque el mercado ya había elegido otro camino.
