En 1986, Sony abordó las vulnerabilidades mecánicas que seguían afectando a la reproducción portátil de CD en sus primeros años. Los diseños se volvieron más compactos y mejor protegidos contra golpes, haciendo que el formato se sintiera menos delicado y más apto para la vida fuera de la sala.
D-100
El D-100 amplía la funcionalidad de los primeros reproductores de CD portátiles, miniaturizando su configuración. Incluye funciones como reproducción programada, repetición y repetición A/B, y el mecanismo de transporte es más compacto. Se alimenta mediante batería externa y no cuenta con amortiguación de vibraciones. Aunque introduce mejoras para uso portátil, está pensado para un entorno estable. Se posiciona como un modelo avanzado de primera generación.
Para 1986, la distancia entre el impresionante sonido digital y la portabilidad real empezaba a reducirse. La categoría todavía conservaba algo del aire de un experimento en marcha, pero Sony la estaba empujando claramente hacia algo más creíble.
